Recuerdos Historicos IEAD 248 San Pedro
Historia de la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios San Pedro
70 Años

Las puertas se abrieron en San Pedro
Las puertas se abrieron en San Pedro en 1956, cuando el evangelista en San Vicente, Amado Olivera, inició la obra evangelística en la zona. Los niños ocuparon un lugar primordial y, pronto, la nueva congregación tuvo 10 renacidos, continuando su crecimiento. Olivera debía viajar más de 100 kilómetros para atender la obra en un San Pedro que, en aquel entonces, era un caserío rodeado de selva y pinos silvestres; sus caminos no eran calles, sino lodazales de tierra roja, y la actual ruta 14 apenas era un camino de obraje en medio de montes, lleno de animales salvajes. Con determinación, el siervo del Señor andaba y lloraba, llevando la preciosa semilla, pero regresaba con regocijo, trayendo consigo sus gavillas, como se refleja en el Salmo 126:6.
El 9 de julio de 1961 fue enviado a San Pedro el hermano Raúl de Asís Pereira, ya anciano, en obediencia a una orden directa de Dios recibida por el pastor de la iglesia de Oberá, quien había encargado la evangelización de toda la zona aledaña a la Ruta Nacional 14 y la costa del río Uruguay, el hermano Delfino Rodríguez. En una mañana en el hogar del anciano Pereira, tras conversar sobre los requisitos de un buen obrero conforme a la Palabra de Dios,el Pastor Delfino recibió la instrucción: «Esta madrugada, el Señor me habló: ‘Delfino, mande un obrero a San Pedro'». Saltó de la cama, se puso de rodillas y preguntó: «¿A quién, Señor?» La respuesta fue: «A Raúl». Así, por mandato del Señor, ese hombre de Dios fue enviado a una localidad en medio del monte misionero, donde un puñado de personas había nacido de nuevo. Allí, en los primeros tiempos, trabajó junto al evangelista de la zona y continuó la labor con la incipiente iglesia que había aprendido. Estos hombres, que habían pasado de la muerte a la vida y conocieron la verdad, no midieron distancias ni sacrificios para cumplir su misión. Tal fue su entrega que, recordando las palabras de Mateo 10:8 («De gracia recibisteis, dad de gracia»), continuaron adelante movidos por el amor de Cristo.
Dios respaldó desde el inicio la obra, cumpliendo su promesa mediante prodigios y milagros, no solo sanando a los enfermos del lugar, sino también a personas de otros sitios, inclusive del Brasil, quienes entregaban sus vidas al Señor y se convertían en pregoneros de justicia. Aunque hoy parezca fácil, en aquellos años los caminos eran intransitables, y el trabajo se hacía a pie, a veces a caballo, y más tarde en moto. La mudanza del hermano Pereira, por ejemplo, tardó tres días en llegar desde Oberá en un camión, camino que hoy se recorre en dos horas y media. Los nuevos cristianos en San Pedro se consagraron al mandato del Maestro de predicar el Evangelio a toda criatura, sin medir distancias ni sacrificios. Así, durante el tiempo en que Pereira era anciano, se abrieron puertas para el Evangelio en Áster (a 14 km de San Pedro), Hipólito y Rigoyen (a 84 km), Tobuna (a 35 km), Pinares (a 75 km), San Antonio y Piñalito (en un área de 140 km de San Pedro), y en Paraíso y Fracrán (ambos en un área de 40 km por la Ruta Nacional 14). La mayor parte de estas campañas se realizó a pie, pues no había vehículos, y un colectivo proveniente de Oberá llegaba a la zona una vez por semana, siempre que no lloviera. La fe en un Cristo que salva, sana y bautiza con el Espíritu Santo impulsaba a los cristianos a continuar sin detenerse por ningún obstáculo, dejando su vitalidad en los senderos misioneros con el firme compromiso de dejar mucho fruto.
Desde enero de 1994, la Iglesia de San Pedro, , es una iglesia pastoral con 15 filiales y varios anexos, totalizando 44 congregaciones (dato al 26 de diciembre de 1994). El fuego evangelístico que dio vida a la obra continúa firme, y la cosecha de almas sigue avanzando diariamente. Todas las congregaciones de la zona cuentan con círculos de oración y ayuno, y la evangelización de niños ha sido siempre una prioridad.
Evangelista Ángel Villalba
El 1 de noviembre de 1942 nació en el Paraguay este hombre de Dios, quien más tarde vendría a la Argentina y se establecería junto a su familia en San Pedro. En 1964, cuando conoció a Jesucristo y lo aceptó como Salvador y Señor de su vida, su padre lo echó de la casa; sin embargo, Dios lo sostuvo y él permaneció firme en su camino, llevando adelante la obra de la evangelización. Desde su conversión, el clamor de las almas resonó en sus oídos, y ganar almas para Cristo se convirtió en su objetivo primordial. Siendo aún joven y soltero, atendió un anexo que Dios pronto llenó de personas, todas nacidas de nuevo.
El 30 de enero de 1969 contrajo matrimonio con María Alves, y, ya en edad madura, fue enviado por el Ministerio de San Pedro al paraje Gentil, ubicado al kilómetro 48 de la Ruta Nacional 14. En esa agreste zona, donde pocas personas conocían a Cristo y no contaban con un lugar de congregación, comenzó prácticamente la obra. Durante tres meses, las personas se congregaron en una casa de familia y, posteriormente, en una pequeña capilla a 200 metros del actual templo. Este primer templo, construido en madera, fue ampliado en el mismo terreno, donde hoy se levanta un edificio de material. Ángel Villalba fue responsable de la obra durante 19 años y, desde enero de 1994, actuó como evangelista en todo el campo, donde el ministerio de la convención lo requirió.
La iglesia a su cargo llegó a contar con ocho anexos. En aquellos tiempos, lo que hoy es una ruta con intenso tráfico era solo una picada. La zona estaba compuesta por montes, animales salvajes y hombres peligrosos, siempre armados. La mayor parte de la obra evangelística en la región fue realizada inicialmente por el hermano Ángel, primero en solitario y luego acompañado de los compañeros que el Señor le fue dando, frutos de su incansable labor. Existían anexos a 15 o 20 kilómetros de distancia de su hogar, y él recorría esos lugares mayormente a pie, predicando en casas o debajo de un árbol. En los naranjales, cuando había varios cristianos, se levantaba un templo de madera en el lugar indicado por el Señor. La madera, las tablas, eran cortadas por los mismos hermanos, y así, el poder de Dios para la salvación fue penetrando en lugares dominados por la maldad, donde imperaba la astucia, el desquite, la traición y, en el más violento, la autoridad de los señores de la zona. A estos mismos, Jesucristo los salvaba y los transformaba, volviéndolos mansos y humildes por el poder del Evangelio.
Pastor Celestino Alves
El Pastor Celestino Alves se entregó al Señor en los inicios de la obra evangelística en San Pedro. Perteneciente al grupo de los primeros 10 cristianos, fue bautizado por el anciano Raúl Pereira el 17 de mayo de 1962. En enero de 1963 fue llamado a diácono, y en 1968, ya como anciano, asumió la dirección de la iglesia en San Pedro. En marzo de 1984 recibió su consagración como evangelista, y en 1988 fue llamado al pastorado. Celestino Alves fue un activo ganador de almas desde los días de su conversión hasta nuestros días. Su compañera de toda la vida, María Luisa de Alves, lo apoyó en cada paso de la obra ministerial, la cual no fue fácil, ya que su pasión por las almas lo llevó a recorrer caminos difíciles: trillos en medio de la selva, repletos de animales salvajes y agrestes, y pinos silvestres. Aunque se abrieron rutas, en aquellos años recorrerlas significaba andar sin detenerse, sin importar el clima o la distancia. El Pastor Alves ganó almas y cimentó su ministerio, aunque la selva y las inclemencias le pasaron factura, afectando su salud. Cooperó como obrero en Paraíso y Tobuna, y también trabajó algunos meses en Irigoyen. Desde 1983 hasta 1993 estuvo en San Vicente, primero como evangelista y luego, durante tres años, pastoreando el campo. Desde 1994 cumplió su función como pastor en San Pedro.
Pastor Cipriano Ramos
El Pastor Cipriano Ramos nació en Brasil el 5 de junio de 1947 en la ciudad de Itapiranga. Inició estudios en el sacerdocio, llegando hasta cuarto año, pero abandonó la carrera, convencido de que ese no era el llamado de Dios para su vida. Dejó incluso el celibato, contrajo matrimonio con Zelinda Vargas y emigró a la Argentina en busca de nuevos horizontes y de la libertad espiritual que anhelaba.
En 1974, Cipriano Ramos, deseoso de servir a Dios para lo que se había preparado, conoció el Evangelio a través de la predicación del evangelista Ángel Villalba. Al corroborar la verdad del mensaje, se entregó al Señor, compungido por el Espíritu Santo, el 3 de agosto de 1974, y cumplió con el mandato del bautismo el 5 de enero de 1975. Ese mismo año, en mayo, fue llamado a diácono y pasó tres años en periodo de prueba. En 1979 fue llamado anciano y asumió la responsabilidad de la construcción del nuevo templo, inaugurado en noviembre de 1989. Desde 1983 hasta 1992, Cipriano Ramos fue anciano de la elección en la Iglesia de San Pedro, manteniendo siempre como meta primordial la evangelización. Su labor se caracterizó por un especial énfasis en el trabajo con niños; durante un año, a partir de 1983 y en el mes de enero, fue evangelista del campo de la Iglesia Central de Oberá, recorriendo casi toda la región con campañas evangelísticas. En enero de 1994, fue consagrado pastor y designado a la Iglesia de San Pedro.
Esta es la historia, narrada con pasión y entrega, de cómo la fe y el amor a Cristo han impulsado a hombres y mujeres a llevar el Evangelio a lugares remotos, superando obstáculos y dejando un legado de esperanza que ha transformado a generaciones. Cada uno de estos líderes, a través de sacrificios y perseverancia, ha contribuido a forjar la historia de la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios San Pedro, una obra que continúa encendida por la llama del Espíritu Santo y la misión de ganar almas para el Reino.
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