Personal Policial de la Unidad Regional XIV de San Pedro realizó un emotivo servicio de adoración y agradecimiento por su vocación de servicio, con palabras finales del Pastor Celso Josué Ramos.
El Pastor Celso Josué Ramos compartió un inspirador mensaje basado en el Salmo 103, invitando a la iglesia a reflexionar sobre la importancia de vivir agradecidos y reconocer los favores divinos que cada día recibimos.
“Somos privilegiados en poder anunciar la Palabra”, expresó al comenzar su prédica, para luego leer el pasaje:
“Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:1-2).
Bendecir con todo el ser
El pastor explicó que el alma, donde habitan pensamientos y sentimientos, debe rendirse al Señor. “El salmista dice: bendice, alma mía, a Jehová. Eso significa entregar tanto lo que pensamos como lo que sentimos, para vivir en gratitud y adoración”, afirmó.
Favores y misericordias
Citando el mismo salmo, destacó que Dios “nos corona de favores y misericordias”. Allí recordó la diferencia entre justicia, gracia y misericordia:
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La justicia da lo que corresponde por la ley.
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La gracia regala lo que no merecemos.
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La misericordia va aún más lejos: restaura y abre nuevas oportunidades.
“Así es nuestro Dios: nos perdona, nos sana, nos rescata y nos corona. ¡No debemos olvidar sus beneficios!”, recalcó.
La autoestima bíblica
Ramos también habló sobre la autoestima desde una perspectiva cristiana, destacando cuatro puntos esenciales:
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Autoconcepto: saber quiénes somos en Cristo.
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Autoimagen: aceptarnos como Dios nos creó, sin depender de estereotipos.
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Darse gustos sanos: disfrutar de la vida dentro de los principios divinos.
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Autoeficiencia: tener metas, disciplina y perseverancia para alcanzar propósitos.
“La verdadera autoestima nos impulsa a cuidarnos física, emocional y espiritualmente, y a valorar la vida como un regalo de Dios”, aseguró.
El secreto de la felicidad
Para el pastor, el sentido de la vida se resume en la felicidad: “No cuando logremos algo futuro, sino en lo que tenemos hoy. Ser feliz con lo que Dios ya nos dio: la salud, la familia, el trabajo y la iglesia”.
Un testimonio vivo
En un momento muy especial, el Pastor Ramos compartió su propio testimonio: de niño estuvo clínicamente muerto, con todo preparado para su velorio. Sin embargo, la iglesia oró y Dios le devolvió la vida.
“Soy un testimonio de que Dios resucita. No olvidemos nunca que Él tiene poder para cambiarlo todo”, declaró emocionado.
Palabras finales
El mensaje concluyó con la lectura del Salmo 100, recordando que debemos entrar en la presencia de Dios con acción de gracias y alabanza.

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IGLESIA EVANGÉLICA ASAMBLEA DE DIOS 248 | SAN PEDRO