Pastor Celso Josué Ramos | IEAD 248 San Pedro Misiones

Predicación – Pastor Celso Josué Ramos
Iglesia Evangélica Asamblea de Dios – IEAD 248
San Pedro, Misiones | 4 de enero de 2026

Texto bíblico:

> “En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”
(Juan 15:8)

Amén. Leemos la Palabra del Señor en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La vid verdadera

Jesús está hablando de la vid verdadera y de los pámpanos. Él es la Vid, el Padre es el Labrador y nosotros somos los pámpanos. Los pámpanos están unidos a la vid, y es en los pámpanos donde aparecen los frutos.

Y dice el Señor: “En esto es glorificado mi Padre”. Glorificado quiere decir exaltado, honrado, santificado. Dios es exaltado cuando su iglesia lleva fruto, y cuando su pueblo vive como verdadero discípulo de Jesucristo.

La vid es figura de Cristo, pero también encontramos en la Escritura que la vid representa a Israel, como dice Isaías capítulo 5. Y el apóstol Pablo enseña que nosotros, los gentiles, no debemos jactarnos, porque fuimos injertados en la vid verdadera. Éramos silvestres, pero hoy recibimos la savia por la gracia de Dios.

El fruto del cristiano

El fruto representa la vida del creyente. Muchas veces el ser humano mira lo que ve el ojo, pero Jesús mira el corazón. Dentro de cada persona hay un alma, hay un misterio de Dios, hay un propósito de Dios.

La santidad no empieza afuera, empieza adentro. El fruto nace de adentro hacia afuera. Por eso la Biblia dice que no se enciende una luz para ponerla debajo de la cama, sino para que alumbre a todos los que están en la casa. Y también dice que si la sal se desvanece, no sirve para nada.

Somos sal y somos luz. Pero para ser sal y luz tenemos que permanecer en Cristo.

Edificar sobre la roca

Jesús enseñó que no debemos edificar sobre la arena, porque van a venir las tormentas, los vientos y las pruebas. Si la casa está sobre la arena, va a caer; pero si está edificada sobre la roca, va a permanecer firme.

También el Señor habla del vino nuevo y de los odres nuevos. El vino nuevo no se puede poner en odres viejos. El hombre viejo pertenece al pasado, pero el hombre nuevo es el que vive en Cristo. Dios quiere renovarnos por dentro.

La poda del Padre

Jesús dice que el Padre es el Labrador. Todo pámpano que no lleva fruto, Él lo corta; y todo el que lleva fruto, lo limpia para que lleve más fruto.

La limpieza de Dios es necesaria. El Señor corta lo que ya no sirve, lo seco, lo viejo. No lo hace para destruirnos, sino para que venga el renuevo, la alegría y el gozo de la salvación.

La Biblia enseña en Hebreos capítulo 12 que la disciplina es señal de que somos hijos. Dios nos disciplina porque nos ama y porque quiere que nuestro fruto permanezca.

Revisar nuestra propia planta

No miremos la planta del vecino. Revisemos nuestra propia planta. Revisemos nuestro corazón, porque ahí está la tierra donde nacen los frutos.

Pidámosle al Señor que quite todo lo que no le agrada. Habrá momentos en que el Espíritu Santo nos va a decir: frena la lengua, cuida los pensamientos, cuida los ojos, cuida las manos. Dios limpia nuestra mente, nuestro corazón y nuestra boca para llenarnos del fuego del Espíritu Santo.

Creados para buenas obras

La Palabra dice en Efesios capítulo 2, versículo 10:

> “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

No fuimos creados para el fracaso ni para la derrota. Fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras. Aunque alguien haya dicho que no servimos o que no podemos, Dios dice que somos su obra.

Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia sea de Dios y no de nosotros. Donde vayamos, la presencia del Señor va con nosotros.

Discípulos de Jesús

Jesús es el mayor Maestro. Él nos llama a permanecer en Él y a ser sus discípulos. Cada discípulo tenía su carácter: Pedro era impulsivo, Tomás dudaba, pero Jesús los llamó y los formó.

El discípulo muchas veces no es comprendido en su propia tierra, pero sigue siendo discípulo. Jesús nos envía a predicar el Evangelio y promete que señales acompañarán a los que creen.

El Espíritu Santo y el fruto que permanece

Las nuevas lenguas y los dones son obra del Espíritu Santo. No se compran, no se imitan, se reciben por gracia.

Cuando el creyente ora en el Espíritu, el cielo se mueve y Dios obra aun cuando no entendemos todo. El Espíritu intercede por nosotros y nos fortalece.

Llamado final

Dios quiere una iglesia limpia, fructífera y llena de su presencia. La planta que el Padre plantó dará fruto, y su fruto va a permanecer.

Vivamos la vida de Jesús. Demos fruto. Seamos verdaderos discípulos.

A Dios sea toda la gloria. Amén.

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